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La dictadura de los cuerpos

Foto del escritor: Carles Juan Carbonell
Carles Juan Carbonell
29 abr 2023
2 min de lectura


Enciendes la televisión o entras en una red social un día cualquiera y en una hora cualquiera, vuelve a aparecer. De nuevo otro anuncio de un producto cosmético con un hombre medio desnudo y un cuerpo que pocos podrían conseguir. Estos cuerpos esculturales no hacen más que contribuir a la creación de una representación que es exclusivamente normativa. Pero, ¿existe presión por tener un cuerpo considerado perfecto y un ritmo sexual frenético entre los hombres gays y bisexuales? Pues parece que sí, ya que un estudio realizado por la Universitat Jaume I de Castelló, demostró que para los hombres del colectivo LGTBI, esta presión es uno de los problemas que más afectan a su salud mental.


Durante estos últimos años se ha hablado de una supuesta obsesión de los hombres del colectivo con el culto al cuerpo, así como de la hipersexualización en la forma de relacionarse. Patrones que luego se reproducen en las aplicaciones de ligar o en las redes sociales, donde se leen diariamente menajes de “gordo”, “solo gente que se cuide”.


Instituciones como Orienta, en València, han denunciado que las personas del colectivo sienten que se les expulsa de los círculos de deseo y por consiguiente de los círculos relacionales de los que debería ser su comunidad, por el simple hecho de no poseer un cuerpo normativo. Por todo ello, los hombres se sienten presionados a cumplir unos canónes físicos y sexuales que, generalmente, no son saludables, realistas ni posibles para todos. Esto deriva en desórdenes alimenticios, problemas de autoestima, depresión, ansiedad, aislamiento social o incluso adicciones. Según la asociación ‘Just Like Us’, las personas de la Comunidad de hombres gays y bisexuales tienen tres veces más posibilidades que sus semejantes heteros de padecer desórdenes alimenticios, debido a la presión social.


¿Pero de dónde surge esta dictadura de los cuerpos?, ¿se es superficial por naturaleza? Una de las respuestas podría ser que las personas del colectivo LGTBI desarrolla su personalidad en momentos en los que sufren de manera constante el rechazo de su entorno, incluso de su familia, por lo que en muchas ocasiones, se intenta compensar este rechazo mediante la búsqueda de agradar al mayor número de gente posible a través de la estética o las relaciones sexuales. A esto se le añade el intento de encajar en la masculinidad normativa, que promete privilegio social, pero perpetua la conducta heternonormativa hegemónica.


Desde las asociaciones LGTBI, se intenta concienciar de que las personas no son objetos de consumo y no hay ninguna ley universal que determine que un canon sea más atractivo que otro, ya que esto son meras construcciones sociales que han ido cambiando durante toda la historia. Por la salud mental de las personas del colectivo, hay que acabar con esa imagen capitalizada de cómo deben ser los cuerpos y las relaciones sexuales. Hay que apagar la televisión o dar al botón de “No me gusta” en una red social, cada vez que aparezca un hombre medio desnudo y un cuerpo que pocos podrían conseguir. Hay que acabar con la dictadura de los cuerpos.

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