Fran Pardo: «El activismo fue mi salvavidas porque me ayudó a empoderarme contra la LGTBIfobia»

Fran Pardo tiene 26 años y desde hace 13 años intenta aportar su granito de arena al activismo LGTBI en la Comunitat Valenciana.

Te sigo desde hace mucho en redes y has tenido siempre un perfil bastante activo respecto a la Comunidad de LGTBI, ¿qué te motivó a convertirte en activista por los derechos LGTBI valencianos?
Pues básicamente por la LGTBIfobia. O sea, todo esto empezó cuando iba al instituto. Salí del armario en tercero de la ESO. Posiblemente en segundo ya sabía que era gay, pero en el momento en el que conseguí empoderarme y salir del armario, fue bastante liberador para mí. Un parte dentro de mí que tenía muchísima curiosidad por descubrir lo que implicaba ser gay, porque no conocía a nadie más que lo fuese. Pero a la vez tenía bastante miedo de recibir algún tipo de agresión. Pero bueno, en una clase le pregunté al jefe de estudios, que era mi profesor de música, que por qué en el instituto no se celebraba el Día Internacional contra la LGTBIfobia si había tantas agresiones. La respuesta del profesor fue: «el año que viene lo organizas tú». Y así empezó todo. Ese verano empecé a formarme y a preparar la presentación de PowerPoint para hacer el 17 de mayo. La experiencia fue tan buena que hablé con la dirección del centro para dar charlas a diferentes clases. Realmente empecé muy fuerte, pero de una forma súper empoderada y al final me di cuenta que ese activismo me salvó la vida. Para mí el activismo fue mi salvavidas porque me ayudó a empoderarme contra la LGTBIfobia y pensar que ellos tenían la fuerza física pero yo la mental. Me obligaron a ser activista. A día de hoy siento que tengo una deuda de por vida con con el activismo LGTBI, por eso mismo intento aportar para devolver lo que el activismo hizo por mí, pero también para que nadie pase por lo que yo pasé.
¿Cuándo empezaste a utilizar las redes sociales como plataforma para potenciar este mensaje?
Cuando empecé con las charlas tuiteaba que iba a dar una charla. En ese momento el activismo estaba ganando mogollón de fuerza en mi vida y al final se trasladaba a mi discurso diario y a mi forma de ver el mundo y, por lo tanto, también a las redes sociales que formaban parte de mi vida. Con el tiempo me di cuenta que podía ser un buen altavoz para que el mensaje pudiese llegar no solo a mi círculo íntimo, sino que pudiese traspasar fronteras. En 2012 empecé a utilizarlas y hasta el día de hoy.
¿Crees que las redes sociales han sido efectivas para fomentar el cambio social y la conciencia sobre el colectivo LGTBI en Valencia?
Yo creo que en Valencia sí. Pero en cualquier sitio porque al final ha facilitado mucho que los mensajes y reivindicaciones pudiesen llegar a muchísima más gente. Además, las redes sociales se pueden compartir de una forma más fácil y de una forma más simple. Solo necesitas un aparato, conexión a Internet y un perfil en redes para lanzar un mensaje. Aún así creo que hay que compaginar el tema de las redes sociales con otros medios como las manifestaciones para hacerlo efectivo. Además, son muy efectivas para que la gente pueda formarse, ya que gracias a ellas esa formación se puede transmitir. Es una forma de que yo pueda acceder a esa información que se está dando sin necesidad de estar presencialmente allí. Sin olvidar que con ellas llegas a todo tipo de público, piense como tú o no. Entonces creo que en ese aspecto se ha demostrado que son muy eficientes, pero al final es algo que utiliza cualquier ideología para intentar transmitir su mensaje.
Todo no son ventajas porque también se puede dar una violencia muy fuerte a través de ellas que tú mismo has sufrido. ¿Cómo lo afrontaste?
Pues mira, en el 2012 empecé a utilizarlas y para el 2013/2014 ya tenía un público bastante considerable, entonces ya me empecé a encontrar que efectivamente había gente que no compartía mi mensaje. El problema es cuando esos mensajes empiezan a traducirse en amenazas de muerte. Lo recuerdo como una etapa muy dura y algo que sin duda ha condicionado mi vida hasta hasta el día de hoy. No me gusta nada salir de noche porque lo considero algo que está muy lejos de mi zona de confort. Al final es algo como que esté incrustado dentro de mí y que, desgraciadamente, aún va a costar mucho superarlo. Porque puede parecer que no vaya a pasar nada, pero realmente existe esa posibilidad de que sí. Por ejemplo, pienso en personas que han sido víctimas de la extrema derecha como Guillem Agulló, Clément Méric, Carlos Palomino o Sonia Rescalvo. Al final a esa gente le gustaría que yo dejase de ser gay, y eso es imposible, igual que lo es que yo dejase el activismo. Les gustaría quedarse con el único discurso que se oye. Entonces para mí la única alternativa era seguir haciendo lo que estaba haciendo.
Y bajo tu punto de vista. ¿Cuáles son algunas de las medidas que podrían mejorar la situación de la comunidad LGTBI en València?
Pues aquí en València yo creo que sería muy importante crear más espacios de sociabilización más allá de de las empresas que sacan beneficio económico. Contar con más espacios seguros para juntarnos todas las personas LGTBI, no solo hombres gays. Hay muchas diversidades dentro de nuestras siglas que se sienten hostiles en esos espacios o no se sienten parte de ellos. También sería interesante descentralizar esos espacios, para no solo encontrarlos en determinadas zonas de València, sino que en todos los barrios. Una cosa que me gusta mucho de València son pequeñas medidas que pueden aportar mucho como los bancos LGTBI. Me parece un gesto que puede ser muy simbólico, pero que ayudan a visibilizar. Aquello que no es visible no existe y en el momento en el que nos visibilizamos es el momento en que podemos alzar la voz y exigir aquello que nos corresponde. Sin duda se ha de consolidar más la presencia de Orienta. Estaría bien que pudiesen dotar de más recursos para poder llegar a más gente por todo El País Valencia. Y muchas más.
¿Existen barreras para el colectivo en algunos ámbitos?
Sin duda en el ámbito laboral. Me parece uno de los más importantes porque al final, si no tenemos una economía estable, no nos podemos desarrollar ni podemos vivir de una manera autónoma. No podemos independizarnos y por consiguiente no ser quien realmente somos. Nos cuesta mucho acceder al mundo laboral. De hecho, hasta hace realmente poco las cifras de desempleo en el ámbito de las personas trans eran unas cifras escandalosas. También todo lo que se haga desde el ámbito educativo para favorecer que los centros educativos sean espacios seguros para el alumnado es muy importante. Estamos hablando de personas que son extremadamente vulnerables y que son el futuro de nuestra sociedad. Por otro lado, en el tema de la adopción aún queda mucho por reivindicar para combatir algunas prácticas como son los vientres de alquiler. No puede ser que haya menores que estén esperando a encontrar una familia y las personas recurran a la gestación subrogada. Hay que facilitar el proceso de adopción, hacerlo más ágil y que las familias LGTBI tengan reconocimiento en todos los países del mundo. Y por último, en el ámbito sanitario, pues también hay que formar mucho a los profesionales sanitarios y sociosanitarios para conocer las realidades LGTBI para poder atenderles de una forma adecuada.
Me has mencionado varias veces la educación. Tu caso con Hazte Oír fue muy sonado, ¿me podrías contar qué sucedió?
Desde que empecé a formarme en el tema del activismo conocía la existencia de Hazte Oír. El autobús de 2017, que negaba la existencia de las de las menores trans sí que me pareció algo a lo que sin duda se debía de responder. Me parecía un ataque directo hacia aquellas personas más vulnerables que se están enfrentando a todos los prejuicios que hay en contra de las personas trans, pero siendo menores. Precisamente veníamos del suicidio de Alan unos años antes, que era un menor trans de Barcelona. Yo no me esperaba que iba a ser todo tan mediático. Me encontré el autobús y los medios de comunicación yo solo. Lo que salió dentro de mí fue ponerme a gritar, intentar romper esa tranquilidad que había. Intentar boicotear las ruedas de prensa que daba Ignacio Arsuaga ante los medios para que la gente que lo viese no se quedase con un con ese único mensaje, sino que hubiesen que había gente que los podía rebatir. Por ello, se me multó aplicándome la Ley Mordaza con 600€. Y luego, con el segundo autobús de “la violencia no tiene género”, pues más de lo mismo. Protesté porque no me siento discriminado por ninguna ley feminista. Tuvimos la suerte de que ese día nos entrevistaron los medios de comunicación y pudimos hacer que nuestro mensaje se conociese. Por protestar ese día nos denunció la Policía Nacional por por delito de odio, coacción y daños al autobús. A mí lo que me dolió fue el tema del delito de odio, porque yo venía de haber denunciado amenazas de muerte que recibí y habían quedado en nada. Tuve una citación que se convirtió en una detención. Afortunadamente nos condenaron solo por los daños y el propio juez en su en la sentencia incluyó que nuestra protesta era una consecuencia de de las provocaciones de Hazte Oír con sus mensajes.
Sobre todo esto que me has contado. ¿Crees que el caso generó impacto sobre los derechos LGTBI en Valencia?
Para mí no. Nuestro ayuntamiento tampoco quería que estos autobuses circulasen por nuestras calles, pero sí considero que protestar es importante para que haya una acción-reacción, que haya una respuesta. En València decimos «ninguna agresión sin respuesta». Estamos hablando de que esos autobuses eran una agresión y me parecía importante que tuviesen una respuesta. Tenemos la suerte de tener un ayuntamiento comprometido con el colectivo LGTBI. Y a la vez, contamos con unas leyes LGTBI muy importantes que espero que, si esos mensajes vuelven a nuestra ciudad, se puedan aplicar para que esos mensajes se consideren ilegales y un delito de odio.
¿Sobre todo esto que me has contado crees que has salido fortalecido para continuar de alguna manera con el activismo?
Al final para mí todo esto han sido razones para reafirmar la necesidad de protestar, de formarme en el activismo, de hacer algo para intentar cambiar las cosas, porque para mí, sigo siendo una persona más a la que sus circunstancias le han obligado a hacer lo que hace. Sin todo eso yo podría ser una persona con su vida normal y corriente, entre comillas, con sus cosas normales y corrientes. Pero la LGTBIfobia que conocí cuando estaba en la ESO, me obligó a responder. Muchas veces me pregunto qué habría sido de mí si no hubiese escuchado cada día como me llamaban “maricón”. Quizás sería una persona radicalmente diferente. Gracias al activismo he conseguido empoderarme y seguir hacia adelante. He conseguido darme cuenta que era importante seguir no solo por mí, sino por otras personas. Yo he tenido la suerte de que soy una persona a la que no le cuesta hablar en público, a la que no le cuesta dar la cara. Pero sé de muchísima gente ha recibido amenazas de muerte y no se han visto con fuerzas de denunciar públicamente. Para mí el el activismo al final es una cosa colectiva. Quizás todos los casos de violencia no se hayan hecho tan virales como el mío, pero eso no hace más que visibilizar que la LGTBIfobia existe ahí y que, en muchos casos, está amparada por la justicia de nuestro país.
Y por último, ¿qué consejo le darías a una persona que desea apoyar la causa de los derechos LGTBI en València?
Yo siempre recomiendo Lambda, porque la verdad es que es un espacio muy amable para que la gente que empieza en el activismo pueda sentirse muy acogida. Todo lo que sea sumar apoyos es importante. Si no también contamos con la plataforma de Orgull Crític València, que también ocasionalmente hace una serie de actividades no solo de cara al Día del Orgullo. Aquí en Valencia hay bastante unanimidad en Lambda, aunque sé de mucha gente que compagina la militancia en Lambda y Orgull Crític València porque no tiene por qué ser incompatible. Además, no por entrar en el activismo de golpe tienes que hacer cosas muy grandes. Se pueden hacer cosas muy pequeñas. Por otro lado, Lambda cuenta con muchísimos grupos, con muchísimos espacios. Está el grupo joven, está el espacio adolescente, el grupo de mujeres, un grupo de sensibilización que es el que se encarga de hacer talleres, de hacer charlas, de hacer actividades... Pero también hay muchos espacios más tranquilos donde puedes socializar, encontrar a gente, formarte... Sin duda, de una manera u otra, puedes encontrar tu espacio allí.




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